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Casas encantadas: Las presencias invisibles 3-3

Por Predecimos.com
El caso del "duende" de Zaragoza
Durante las últimas semanas de 1934, la capital del Ebro vivió pendiente de los singulares sucesos que acaecían en una vivienda burguesa del centro de la ciudad, en el segundo piso del número 2 de la calle Gascón de Gotor. Todo empezó a mediados de septiembre cuando, a primerísima hora de la mañana "una carcajada que salía de las paredes" levantó a todo el inmueble.

Al día siguiente, en el fogón de la cocina del segundo derecha, habitado por la familia Grijalba, una voz, que surgía de las mismas entrañas de la citada cocina saludó a la sirvienta, Pascuala Alcocer. Desde ese día, la voz no dejó de manifestarse.

Al cabo de unas semanas, los habitantes del pido tuvieron que ceder ante los rumores y en una histórica escueta nota de prensa, El Noticiero de Zaragoza, en su edición del 22 de noviembre dio a conocer el suceso. Pocas horas después, cientos de vecinos se agolpaban ya a las puertas del edificio. Días después, la prensa de medio mundo reflejaba en sus respectivas ediciones los acontecimientos de lo que fue bautizado como "El duende de Zaragoza".

La "voz" era capaz de predecir acontecimientos, ver todo lo que ocurría en la cocina e incluso, de mantener conversaciones con los vecinos, agentes de seguridad y curiosos que pasaban por la cocina. El comisario Pérez de Soto inició una investigación dirigida por los jueces Luis Fernando y Pablo de Pablos. Otero Mirelis, gobernador civil de Zaragoza, impuso la censura sobre los hechos y se distribuyó la hipótesis de que la criada, Pascuala Alcocer, era la que provocaba los fenómenos mediante ventriloquia histérica inconsciente, una patología que, por cierto, no se encuentra tipificada en psiquiatría.

Sin embargo, la voz se había dejado oír, en numerosas ocasiones, cuando la criada no sólo estaba ausente del inmueble, sino del edificio. Finalmente, las autoridades cerraron el asunto sin dar más explicaciones. Nunca, ni entonces ni ahora, hubo explicaciones satisfactorias a los hechos.

Pasados más de sesenta años aún quedan testigos vivos de los sucesos. Uno de ellos, niño entonces, es Arturo Grijalba, que aún recuerda vivamente la voz: "Era natural, se limitaba a decir buenos días camaradas. Si era alguien el que le preguntaba, no contestaba. Si era algo que podía adivinar, entonces sí. Por la noche se despedía sin molestar a nadie, sin tocar a nadie, sin hacer ruidos...

Su vocabulario era conciso, potente y rudo. Era una voz varonil, aunque hay quien decía que si era de mujer. Creo que correspondería a una persona de 40 o 50 años".

Como testigo mudo, sobre las ruinas de la casa del duende se edificó un moderno inmueble cuyo nombre, en letras doradas, reivindica un pasado como sello paranormal: "Edificio Duende".

En busca de una solución
Una seria investigación debe tratar de descartar, en principio, la asociación de los sucesos a una persona que, inconscientemente, provoque los fenómenos. En tal caso, nos encontraríamos ante un fenómeno de poltergeist o "psicokinesia espontánea recurrente". A su vez, los casos de fraude se cuentan a cientos.

Por medio de trucos de prestidigitación ciertas personas son capaces de reproducir cualquier fenómeno anómalo. Por su parte, hay una larga serie de fenómeno físicos que pueden llevar a engaño. Asentamientos en edificios, ruidos de cañerías o conductos de gas bloqueados pueden provocar presuntos raps (nombre que en parapsicología se da a los ruidos de origen desconocido) que con una dosis suficiente de sugestión pueden convertir cualquier vivienda en una casa encantada.

G. W. Lambert, en 1960, hizo un estudio de los lugares encantados en Londres descubriendo que muchas de ellas estaban construidas sobre pequeños arroyos o junto a corrientes subterráneas. Y fue aún más allá: "Cuando llegan las épocas de lluvia, los fenómenos se hacen más intensos", insistió.

A pesar de ello, sus explicaciones no sirven, en absoluto, para aclarar la totalidad de los fenómenos que se producen en las "casas encantadas". Curiosamente, en un apéndice del Rituale Romanum publicado en Madrid en 1631, las autoridades eclesiásticas contemplan una especie de ritual de exorcismo para liberar de presencias invisibles a casas encantadas, pero jamás ha sido utilizado, al menos, con autorización eclesiástica. En algunos casos, eso sí, algunos sacerdotes han acudido tratando de liberar las casas de sus espectros.

En Hampstead (Londres), un reverendo inglés de corte tradicionalista, J. C. Neil-Smith, asegura haber utilizado rituales de exorcismo en casas con resultados positivos. Para él, no es otra causa mas que el alma de los muertos lo que "encanta" una casa: "Opino que el alma de quien fallece por causa natural abandona el cuerpo para dirigirse a otro lugar. Ahora bien, cuando la muerte es violenta el alma queda atrapada en nuestro mundo". Y hay que "invitarla" a partir, asegura el clérigo londinense.

Tal y como señala Scott Rogo, en los casos de poltergeist los exorcismos -aunque sean puro teatro- actúan con efecto placebo. Pero en el caso de las "casas encantadas", el asunto es más complicado. Otro prestigioso estudioso, Peter Underwood, no parece estar tan convencido de la aplicación de exorcismos: "No creo que sea necesario ni adecuado para la mayoría de estos casos.

Permítaseme decir que he estado presente en ocho exorcismos y en todos ellos el ritual ayudó a los habitantes de la casa, pero no tuvo un valor perdurable en lo que al embrujamiento se refiere. No quiero decir que nunca hayan tenido éxito; soy consciente de algunos convincentes relatos donde los exorcismos libraron por completo a alguna casa de influencias perturbadoras, pero yo no he participado en ningún caso así".

Quizá algún día se encuentre la respuesta a este desconcertante misterio, relacionado, sin duda, con el universo desconocido que rodea al hombre, a su mente y quizá, a la supervivencia tras la muerte. Dudas tan antiguas como las búsqueda del conocimiento. No erró Conan Doyle al afirmar que "entre todas las cosas que el hombre llegará un día a conocer, la última será él mismo".

28 días de terror
13 de noviembre de 1974:
En el número 112 de Ocean Avenue, en Amityville (Nueva York), Ronald DeFeo asesina a sus padres y cuatro hermanos. Según su propias palabras, el mismo demonio le obligó a cometer el parricidio.

l8 de diciembre: "Váyase", pareció decir aquella voz que el padre Mancuso no supo de donde procedía. El reverendo bendecía la vivienda del crimen para sus nuevos propietarios, George y Kathy Luzt. De regreso a su domicilio, el clérigo asistió a una serie de inexplicables hechos: su coche se paró, y el parabrisas comenzó a funcionar alocadamente.

21 de diciembre: Se producen las primeras anomalías. La puerta del cobertizo se abrió, sin que nadie la tocara y el perro persiguió a una presencia invisible.

22 de diciembre: Los inodoros de los servicios aparecen teñidos por un líquido negro que supura un hedor insoportable.

25 de diciembre: George, por séptima noche consecutiva se levanta a las 3.l5 de la madrugada sobresaltado. Curiosamente, la misma hora del parricidio del mes anterior. Todo empieza a tomar un significado... un crucifijo que se volvió del revés, una nube de moscas en la casa o el constante repiqueteo del teléfono sin que operara llamada alguna.

1 de enero de 1976: La familia Lutz se levanta sobresaltada y helada. Todas las ventanas del domicilio habían aparecido abiertas. Cuando esto ocurre, ven una hamaca moverse, como si alguien estuviera balanceándose en ella.

6 de enero: A medianoche George se levanta y observa como su mujer Kathy levita a treinta centímetros de la cama. Trata de agarrarla y ve como su rostro se ha envejecido decenas de años. Aparece arrugada y con el pelo blanco. Finalmente, deja de levitar y vuelve a su estado normal.

10 de enero: Los vidrios de diez ventanas estallan, las puertas del segundo y tercer piso se abren. Los Lutz empiezan a buscar una solución.

11 de enero: Varias personas que habían acudido a la vivienda para estudiar los fenómenos se quedan atrapadas por una fuerte tormenta. La temperatura del interior de la casa, salvo en una habitación, asciende en pocos minutos de 20 a 33 grados centígrados. La atmósfera era irrespirable.

7 de la mañana del 14 de enero:
La furgoneta de los Lutz deja atrás el jardín de su precioso casa al estilo holandés de tres pisos. Jamás volverán. Atrás quedaba el miedo y el misterio.

Escrito por Bruno Cardeñosa
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